4 de enero de 2011

SUEÑOS Y SENCILLOS

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Desperté sobresaltado en la media noche.
Miré a mi alrededor y vi que era ella con quién compartía almohada y sueños.
Le observé y de nuevo confirmé que hasta dormida era preciosa.
Le acaricié el cuello y los labios mientras abría sus ojos pausadamente, y en ese momento me regaló una sonrisa de buenos días.
Me acerqué y le besé con tal pasión que mi corazón aceleró su ritmo a registros insospechados.
Susurré a su oído mi intención de quererla y amarla, de besar su pecho y sus caderas, de sentir su cuerpo entre mis dedos.
Me besó, sonrió, y un te quiero se escapó de sus labios...


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4 comentarios:

Ainhoa dijo...

Muy dulce :)

Anónimo dijo...

¡Qué preciosidad!

Loles.

Aniña dijo...

ella o él consigue lo impensable. besitos

Anónimo dijo...

Precioso!!

De vez en cuando te sigo leyendo... y me sigue encantado.

Un beso de una paisana