6 de julio de 2007

EN CLAVE DE FOLK

Por su amor conocerás al hombre.
El amor es su fruto natural,
el mas suyo,
el más liberado de su ambiente.

El amor es el único fruto que brota,
crece y madura en él,
con toda la simpleza,
la pureza y la gracia de la naranja en el naranjo,
de la rosa en el rosal.

Hay hombres sin amor,
pero de estos hombres nada se sabe:
nada pueden decir a la inquietud del mundo.

El amor es el fruto del hombre y también su signo;
el amor lo marca como un hierro encendido,
y nos lo deja conocer, distinguir, entresacar…

No conocerás al que pasa por su vestido de palabras brilladoras,
lentejuelas de colores, ni por la obra de sus manos,
ni por la obra de su inteligencia,
porque todo eso lo da la vida y lo niega…
lo da y lo niega a su capricho, o a su ley, la vida…

Y hay muchos que van derechos porque el aire no sopló sobre ellos,
y otros hay que se doblan como se dobla el arco para arrancarle al viento su equilibrio,
o para proyectarse de ellos mismos,
fuera de ellos, en el viento!
por la trémula, aguda flecha íntima…

La palabra notable es ciertamente un indicio;
la obra útil es ya una esperanza.
Pero solo el amor revela,
como un golpe de luz,
la hermosura de un alma.
(Dulce Maria Loynaz)



“Sé que cuando hoy nos digas adiós, me sentiré huérfano como miles y miles de amigos que has ido haciendo en todos estos años. Sé que recibirás muchas cartas dándote ánimos, pero lo cierto, es que son cartas de despedida y de agradecimiento por ese espacio, Trébede, en el que durante años nos has traído trocitos de cultura, de libertad, de compromiso.
Sé que no querías irte, aunque ahora ante tanta ignorancia, tanta falsedad y tanta hipocresía política, ya no te apetezca quedarte. Te escuché y lo entendí; ¿Cómo es posible que esta radio y esta televisión que se paga con nuestros impuestos haya sido el coto privado de tantos intereses políticos? ¡Que la paguen ellos! Pero que no nos dejen sin nuestra gente, la que ha estado ahí durante años, y años viendo tanta manipulación y aguantando carros y carretas.
No nos dejen sin los que en esas ondas nos traen ese soplo, esa brisa fresca, indiferente a intereses y modas. Sé que seguirás independiente y libre, que no te someterás, pero lo cierto es que tu voz, ya no la tendremos en Trébede, en Radio 3.
Solo me queda desear que pasen los malos tiempos, y que tu ejemplo sirva a nuevas generaciones que estarán ahí en el futuro haciendo otros programas.
Ojalá hubiera muchos Iñakis para construir un mundo muy diferente al que tenemos, aunque ellos no lo entiendan, claro, no lo pueden entender, ya van por los imprescindibles.
Un abrazo colectivo de quienes te queremos.”

He querido comenzar esta entrada con esta carta, y estos versos, no sin lágrimas en los ojos, mientras recuerdo todos aquellos momentos que hemos vivido el ejército de oyentes de este magnífico programa de radio, junto a un programa plural que trata de nuestras músicas, de nuestras raíces culturales, de la defensa de la naturaleza.
Y no sé si es el momento de volver a criticar a los que han intentado privarnos del placer de escuchar este programa, desde los escaños de la derecha o amparándose en un expediente de regulación de empleo.
¿Qué programa nos va a hablar ahora de la raíz cultural, del folk, de la música, como la cultura popular que es? ¿Quién nos va a rescatar del olvido las músicas de nuestros pueblos?
No se si llorar, o aplaudir mientras oigo las últimas palabras de Iñaki en la radio pública y estatal.
Pero creo que es el momento de darte las gracias.

Los derrotados somos invencibles

1 comentarios:

berrendita dijo...

Tendremos que aprender a escuchar los prados, la piedra y la pizarra; el silbido del viento; los bosques de eucalipto y helecho. La montaña, las aguas... Trébede es todo eso. Me niego a hablar en pasado.
(Perdón por la intrusión; vengo de la mano del inmoderado Javito. Y he decidido quedarme porque me encantan tus palabras. Espero no molestar demasiado... un abrazo)