30 de enero de 2007

EL DON DE LA EBRIEDAD

Recuerdo a Claudio, nuestro insigne poeta; recuerdo como bebía y charlaba con sus amigos de unas y otras cosas. Esa ebriedad que tan mala consideración tiene hoy día, inspiraba a Claudio versos y composiciones que han sido reconocidas al más alto nivel.
Y pienso en el vino, un símbolo de nuestra sociedad y cultura. Un producto de la tierra y de las más altas élites. El vino une frente una copa o un vaso, a ricos y a pobres.El vino, que como a Claudio inspira a algunas personas nuestras mejores palabras y los versos de amor más sentidos. La mayor grandeza del vino es que aglutina a todo el mundo frente a el, al campesino, al carpintero, al banquero, al profesor, al estudiante…Brindemos juntos por el vino Claudio, brindemos por nuestra tierra.


“Te he conocido por la luz de ahora,
tan silenciosa y limpia,al entrar en tu cuerpo,
en su secreto,en la caverna que es altar y arcilla,y erosión.
Me modela la niebla redentora,
el humo ciego ahí, donde nada oscurece.
Qué transparencia ahí dentro,luz de abril,
en este cáliz que es cal y granito,mármol, sílice y agua.
Ahí, en el sexo,donde la arena niña,
tan desnuda,donde las grietas, donde los estratos,
el relieve calcáreo,los labios crudos,
tan arrasadores como el cierzo, que antes era brisa,
ahí, en el pulso seco, en la celda del sueño,
en la hoja trémula iluminada y traspasada a fondo por la pureza de la amanecida.
Donde se besa a oscuras,a ciegas,
como besan los niños,bajo la honda ternura de esta bóveda,
de esta caverna abierta al resplandor donde te doy mi vida.
Ahí mismo: en la oscura inocencia.”

Ahí mismo (Claudio Rodríguez)

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