_ Aquella tarde, y aquella habitación, escribieron una historia de principio indeterminado, pero a la que nadie se preocupó de relatar un final. Debió ser porque desde pequeño me acostumbré a dejar los libros a medias, para con más tiempo, más ilusiones o más ganas, retomarlos y seguir contagiándome de su magia; o porque suelo ser de aquellos pasajeros que corren apresurados por la terminal y llegan demasiado tarde para embarcar. El paso del tiempo, dicen que ayuda a cicatrizar las heridas, que pone a cada uno en su sitio, y no sé si es cierto, pero siempre me resultó demasiado difícil derribar el muro de los recuerdos. Y quizás así me pase, porque en aquella habitación todavía quedan fragmentos de papeles escritos por el suelo, y lo que era, no es, y lo que no era, ahora es. Y yo, humilde por naturaleza, en esta ocasión puedo afirmar sin miedos, que por merecer, merezco más que una palabra, más que un adjetivo… Merezco perífrasis, metáforas y hasta artículos indeterminados. Por merece...