De adultos es aceptar y respetar las derrotas, pero mucho más aún levantarse del suelo y salir de nuevo a la batalla convencido de volver a ganar. Centrarnos en nuestro propio objetivo y luchar por ello hasta extenuar si cabe. Todos sabemos, compañeros y amigos lo dura y cruel que puede ser la vida, pues tenemos el corazón y el cuerpo, plagados de cicatrices que sólo nosotros mismos hemos sabido curar. Y lo apropiado, lo valiente, es, pese al dolor, recomponerse rápido y con orgullo avanzar, pues no conviene abandonarse al olvido o esconderse tras la puerta, eso nunca. Nunca, pues somos fuertes, duros como el acero y ante todo perseverantes. Los imposibles en nuestra cabeza no existen ni jamás existieron, conocemos nuestra verdadera capacidad y sabemos que cada día podemos dar más de nosotros mismos, mucho más, más duro, más rápido, más fuerte. Porque con esfuerzo y constancia se consigue todo, hasta lo que a priori pueda resultar más complicado. Fuerza y honor, la ...