Y de repente llegó, de la manera más sutil, más sincera, más elegante. Con miedo pero a la vez valentía, con sueños, ganas e ilusiones renovadas. Y convirtió mi vida en una espiral de sueños, en un conjunto de esperanzas infinitas, fuerzas inusitadas, ganas de volar juntos y vencer los imposibles. Su sonrisa lo llenaba todo, su alma dulzificaba mi cuerpo, su aliento me llevaba al mayor infinito. Amiga, confidente, compañera de batallas y ante todo mi sueño. Mi ilusión, mi aliento, mi origen y por supuesto mi destino. Un tesoro gigante, un bienestar enorme, un sentimiento sincero, una ilusión brillante. A veces, más de las esperadas, los miedos (tantas veces absurdos) hacían el camino más duro, pero siempre nos teníamos el uno al otro y uníamos nuestra mano para apoyarnos. De ese modo, poco a poco nuestros sueños de compartirlo todo se acrecentaban. Os juro, queridos amigos y lectores que jamás había experimentado una sensación igual, jamás los sueños habían sido t...