27 de junio de 2015

DECIR ADIÓS


Decir adiós cuando amas es difícil, duro, complicado.
En esos momentos, la vida se convierte en una espiral de emociones, de subidas, bajadas, sensaciones extrañas, desesperanzas y huidas.
Cambia, todo cambia, pues esa persona con la que decidiste vivirlo todo desaparece sin un porqué contundente y la vida por compartir se derrumba cual castillo de naipes.
Asumes la decisión con responsabilidad y decides ser fuerte, quedarte con lo bueno y decir adiós, un adiós miedoso, pero un adiós convencido y para siempre.
Pues sabes que no solamente pierdes tú, ella también pierde, al fin y al cabo sabes aportar sensaciones únicas a su vida.
Pero así es, dices adiós y aunque ella no lo entienda, sigues convencido de que amar, como el adiós, es para siempre.



Que te vaya bonito...

13 de junio de 2015

REBELIÓN EN HAMELIN

Me siento con fuerza para luchar por mis sueños, para avanzar como persona y demostrarme a mí mismo y a la vez al mundo, que ya hace algún tiempo lucho por ser un hombre nuevo, una persona que deja su piel si es necesario por alcanzar sus metas.
Un hombre que mira a los ojos, que afronta con fuerza sus miedos y que, sobretodo tiene claros sus sueños.
Ese es el hombre que quiero ser, pues no hay derrota que no sirva para levantarse del suelo con más fuerza, no hay excusa que sirva, ni camino pedregoso que no sirva para alcanzar la meta, porque la valentía más grande del ser humano es mantenerse de pie aún cuando se está cayendo a pedazos por dentro.

12 de junio de 2015

TODO

Confieso que el miedo me paraliza, más a menudo de lo esperable.
No es algo impuesto, ni premeditado, es algo irracional.
Y por no atreverme a lo que realmente quiero, por pensar, en que por supuesto lo haré pero mañana lo conseguiré, voy perdiendo la vida y lo que es más duro, las personas que quiero en mi vida.

Llega ese momento en el que sin darme cuenta, todo a mi alrededor se desvanece.
Todo, lo que más deseas y creiste nunca  perderías de repente se te escapa de las manos. Y eres tú el que sin darte cuenta lo has echado a perder.
Los proyectos, la vida por compartir, el futuro, los sueños, de repente se derrumban.
Ese quiero vivir contigo junto al mar, esa casa que has planeado, esa educación de tus hijos aún no gestados y sobre todo esa persona con la que has decidido compartir la vida.

Y en ese momento intentas agarrarte a lo poco que aún te queda para si es posible hacerlo grande.

Intentas hacer balance y revisas los instantes, las canciones, las fotografías.
Te das cuenta de lo errado, te pones a su lado y lo comprendes e intentas hacerte fuerte porque sabes que lo que has guardado para darle es el sueño más bonito de tu vida y quizás de la suya.

Ya no se trata de compartir momentos puntuales, se trata de intentar ser su compañero de vida. Se trata de apoyar sus días malos, de respetar su espacio y de agarrar su mano y decirle: estoy aquí y te pienso regalar lo que me queda de vida, ¿lo sabes?


Por eso no pienso rendirme y pienso luchar porque tú, mi empujoncito, eres la única batalla que pienso luchar.