24 de julio de 2007

DÍAS AZULES

Algunas ocasiones, fruto de la casualidad, encuentras personas que gratamente te
sorprenden. Personas que como tú, ofrecen al mundo una sensibilidad distinta.
Personas con las que al transcurrir unos instantes, sientes puedes compartir muchas
cosas; personas sencillas, sinceras, abiertas a la amistad sin paliativos.

Personas que ofrecen valores, que en esta sociedad, ansiosa de poder y egoísta,
desaparecen cada día más rápidamente.
Existe gente, que no valora la amistad, la palabra, el silencio…
Pero también existe gente que al pasar, deja su rastro, ilumina al mundo con su luz,
brillante y embriagadora. Gente que mira a los ojos, que ofrece bondad sin esperar
nada a cambio.

Por eso aquella noche, me sorprendí al verte, y decidí sin dudarlo, que merecía la
pena conocerte. Pensé que en ti había encontrado a una amiga. No valía la pena
precipitarse y dejarse llevar por la pasión propia de una noche.
Sé que acostumbrada a lo que el mundo ofrece, pensaste que simplemente pretendía
aprovecharme de la situación de una noche de fiesta, sé que creíste que jamás
volverías a verme… pero a veces, la vida sorprende.
Simplemente espero, poder seguir conociéndote.

El era solo un niño,
de trenes sin destino,
buscaba su camino y de repente,
algo cambió en su vida,
en la estación.

Allí estaba ella,
muñeca con pulseras,
con flores en el pelo y la sonrisa,
comiéndole la caja, en el vagón.

Cuantos días, cuantos meses, cuantos años,
esperando que la vida, lave todo el desengaño,
cuantos días, cuantas nueces, veinte años.
separados no lograron apagar ese amor,
ese amor…ese amor…

Pero llegaron tiempos, oscuros y violentos,
en que toda la vida era un callejón,
que no tenía salida, solo desolación.

Ella partió deprisa,
voló como una brisa,
huyendo de esos días y el no comprendió,
porque selló en pedazos su corazón.

Cuantos días, cuantos meses, cuantos años,
esperando que la vida, lave todo el desengaño,
cuantos días, cuantas nueces, veinte años.
separados no lograron apagar ese amor,
ese amor…ese amor…

Pero un día se encontraron como trenes de ida y vuelta,
en el andén…
Se abrazaron, se besaron y todo empezó de nuevo
otra vez…

Cuantos días, cuantos meses, cuantos años,
esperando que la vida, lave todo el desengaño,
cuantos días, cuantas nueces, veinte años.
separados no lograron apagar ese amor,
ese amor…ese amor…

16 de julio de 2007

A LA LUZ DE LA MEDIANOCHE...

Quizás nunca imaginaste que te escribiría algo en un lugar como este, quizás tu, junto a los vientos cálidos del verano, disfrutando de la siesta, apoltronada en un sillón, o en el infinito perdida...


Quizás no llegues ni siquiera a sentir estas palabras, es probable. Pero nunca escribí para ser leido, ni siquiera para sentirme bien, solo lo hice pensando en que debía hacerlo.

Por eso pensé, que merecías una entrada, no sé si como esta, quizás no... pero aunque no te des cuenta, me aportas calma y sosiego, luces en la penumbra, suspiros en el silencio... y me llevas mucho tiempo buscando y no me encuentras, y me encuentras cerca y distante al mismo tiempo...

Hoy, a la luz de la medianoche, le daré un beso a la luna. No tiene tus cabellos, ni huele a flores de azahar y violetas... pero, me conformaré solo por esta noche.

Va por tí...

Ana, es tan corta la vida,
y son tantas despedidas
llenas de promesas vanas.

Ana, ¿qué será de nosotros
cuando caigamos y otros
ocupen nuestro lugar?

Ana, ¿dónde será la batalla
próxima en que perdamos
la guerra contra la soledad?
Ana, volverás a escuchar
las piedras que contra tu ventana
lanzó la felicidad.
Lanzó la felicidad...

Ana, es tan corta la vida,
quizás me vuelva mentira
y no te conozca mañana.
Ana, cuando te esconda un abrazo
recuerda entonces el año
en que forjamos la paz.

Ana, quizás me marche y no vuelva,
quizás me muera y no tengas
que maldecirme jamás.
Ana, te veo y me declaro culpable
de desear tu presencia
más que desear la paz...
Ana, ¿qué hago yo con mis canciones,
con el manojo de escarcha,
con mis ganas de matar?

Ana, ¿qué hago yo con las montañas
de papeles que he firmado jurando morir o amar?
Jurando morir o amar...

6 de julio de 2007

EN CLAVE DE FOLK

Por su amor conocerás al hombre.
El amor es su fruto natural,
el mas suyo,
el más liberado de su ambiente.

El amor es el único fruto que brota,
crece y madura en él,
con toda la simpleza,
la pureza y la gracia de la naranja en el naranjo,
de la rosa en el rosal.

Hay hombres sin amor,
pero de estos hombres nada se sabe:
nada pueden decir a la inquietud del mundo.

El amor es el fruto del hombre y también su signo;
el amor lo marca como un hierro encendido,
y nos lo deja conocer, distinguir, entresacar…

No conocerás al que pasa por su vestido de palabras brilladoras,
lentejuelas de colores, ni por la obra de sus manos,
ni por la obra de su inteligencia,
porque todo eso lo da la vida y lo niega…
lo da y lo niega a su capricho, o a su ley, la vida…

Y hay muchos que van derechos porque el aire no sopló sobre ellos,
y otros hay que se doblan como se dobla el arco para arrancarle al viento su equilibrio,
o para proyectarse de ellos mismos,
fuera de ellos, en el viento!
por la trémula, aguda flecha íntima…

La palabra notable es ciertamente un indicio;
la obra útil es ya una esperanza.
Pero solo el amor revela,
como un golpe de luz,
la hermosura de un alma.
(Dulce Maria Loynaz)



“Sé que cuando hoy nos digas adiós, me sentiré huérfano como miles y miles de amigos que has ido haciendo en todos estos años. Sé que recibirás muchas cartas dándote ánimos, pero lo cierto, es que son cartas de despedida y de agradecimiento por ese espacio, Trébede, en el que durante años nos has traído trocitos de cultura, de libertad, de compromiso.
Sé que no querías irte, aunque ahora ante tanta ignorancia, tanta falsedad y tanta hipocresía política, ya no te apetezca quedarte. Te escuché y lo entendí; ¿Cómo es posible que esta radio y esta televisión que se paga con nuestros impuestos haya sido el coto privado de tantos intereses políticos? ¡Que la paguen ellos! Pero que no nos dejen sin nuestra gente, la que ha estado ahí durante años, y años viendo tanta manipulación y aguantando carros y carretas.
No nos dejen sin los que en esas ondas nos traen ese soplo, esa brisa fresca, indiferente a intereses y modas. Sé que seguirás independiente y libre, que no te someterás, pero lo cierto es que tu voz, ya no la tendremos en Trébede, en Radio 3.
Solo me queda desear que pasen los malos tiempos, y que tu ejemplo sirva a nuevas generaciones que estarán ahí en el futuro haciendo otros programas.
Ojalá hubiera muchos Iñakis para construir un mundo muy diferente al que tenemos, aunque ellos no lo entiendan, claro, no lo pueden entender, ya van por los imprescindibles.
Un abrazo colectivo de quienes te queremos.”

He querido comenzar esta entrada con esta carta, y estos versos, no sin lágrimas en los ojos, mientras recuerdo todos aquellos momentos que hemos vivido el ejército de oyentes de este magnífico programa de radio, junto a un programa plural que trata de nuestras músicas, de nuestras raíces culturales, de la defensa de la naturaleza.
Y no sé si es el momento de volver a criticar a los que han intentado privarnos del placer de escuchar este programa, desde los escaños de la derecha o amparándose en un expediente de regulación de empleo.
¿Qué programa nos va a hablar ahora de la raíz cultural, del folk, de la música, como la cultura popular que es? ¿Quién nos va a rescatar del olvido las músicas de nuestros pueblos?
No se si llorar, o aplaudir mientras oigo las últimas palabras de Iñaki en la radio pública y estatal.
Pero creo que es el momento de darte las gracias.

Los derrotados somos invencibles