9 de marzo de 2007

PRÓLOGO A LA SEMANA SANTA ZAMORANA

En Zamora ya se siente la Semana Santa, huele a cera de hachón, a túnica guardada en un olvidado baúl, se va rompiendo la calma y la soledad de sus calles…
Un amigo dice, que en esta ciudad la Semana Santa comienza cuando Boizas saca sus túnicas al escaparate y acaba al recoger el Escenas, la crónica de imágenes de la pasión. En estas épocas los cotaneros de cofradías y hermandades visitan nuestras casas para cobrar las cuotas anuales. Cofradías y hermandades, digo bien, por que en esta ciudad no se de una cofradía ni de otra, se es de la Semana Santa, y casi nadie pertenece solamente a una. Es una tradición que se pasa de padres a hijos, al igual que la aquella de cargar los pasos, de encontrarse padres e hijos bajo los banzos. Me gustaría más llamar a esta, Pasión que Semana Santa, por el doble significado que encierra esta palabra. Porque en esta ciudad olvidada del noroeste peninsular, en la que el reloj parece haberse parado hace muchos años, no hay nada como la Semana Santa, especialmente para aquellos que se sienten profundamente zamoranos. No hay ninguna otra cosa en esta ciudad, ni en esta desolada provincia en la que nadie ponga más pasión, más vida, más interés, como es en la pasión y muerte de Jesucristo.La semana santa zamorana no es más que una muestra del carácter sincero, sobrio y serio del zamorano, sin ostentaciones, ni coplas ni fastos.

La forma en que aquí se celebra la Semana Santa es algo totalmente distinto a lo que la gente puede conocer. Es cierto, que cuando en este país se comenta algo sobre la Semana Santa, la gente piensa en Madrugá sevillana, saetas y costaleros. En altares de oro y cientos de velas iluminando la Macarena o la virgen de Triana.

La Semana Santa en Zamora es algo totalmente distinto, porque la Semana Santa aquí es un estado de ánimo, solemne y silencioso, con el único sonido de un tambor destemplado, del tañir de una campana tocando a muerto, del roce de una cruz sobre el suelo. Con la única iluminación que producen los hachones de los hermanos, con las luces apagadas, y con la gente abarrotando las filas con sentido respeto, con la impresión inusitada de los miles de turistas que por aquí se acercan cada año…

La Semana Santa zamorana es conocida, sencillamente por su carácter intimista. Porque no puede existir otro marco mejor para celebrar una pasión, que estas calles empedradas de románico. No hay otro lugar en el mundo en que se toda la ciudad se eche a la calle para celebrar su semana de pasión.
La ciudad ya se prepara para lo que le espera, llegar a albergar a 300000 personas. Decía el actual Barandales (una figura singular de la Semana Santa zamorana) que esta no tenía comparación con ninguna otra. Que la amaba porque era zamorano. Que nunca le habían pesado las campanas durante ninguno de los desfiles…que era un honor llevarlas en sus manos.


Y en estos momentos en los que oigo sonar la marcha fúnebre de La Cruz, recuerdo como pasamos el puente de Piedra los hermanos acompañando al Nazareno de San Frontis en el martes Santo. Recuerdo los nervios de esa tarde, mientras nuestras madres o esposas nos preparan las túnicas, caperuces, guantes…Recuerdo el cansancio de la tarde de Viernes Santo al ir a ver el Santo Entierro, después de mñas de una semana en las filas esperando al paso de las procesiones. Recuerdo subir la cuesta del mercadillo en profundo silencio acompañado a un crucificado del siglo XV. Recuerdo el juramento del silencio arrodillados en la Plaza de la Catedral…

Podría pasarme horas y horas escribiendo sobre la pasión con que esta ciudad vive su Semana Santa. Podría hablar del Yacente en una abarrotada Plaza de Viriato en silencio, podría hablar del sobrecogedor Miserere. Podría hablar de la noche del Lunes Santo, del Jerusalem en la Plaza de Santa Lucía. Podría seguir escribiendo y derrochando líneas…

Les invito, con la humildad de mi carácter, a que disfruten de esta vieja ciudad y de su Semana Santa.

Están todos invitados..

6 de marzo de 2007

GALLAECIA

“Volví a sentir tus calles mojadas, la lluvia en mis zapatos…
me inundó la neblina y la ternura de los versos que Lorca te dedicó.
Te volví a sentir con tu mano entrelazada junto a la mía por las rúas viejas de Santiago.
Viste como Thalberg inundó las calles de tu Crunia mientras las nubes eran testigos del amor del sol y la luna.
¿Cuándo volverá el destino a entrelazar nuestras manos?”


No se si es un bonito comienzo para la crónica de estos cuatro días en Galicia, simplemente suelo escribir lo que siento sin preocuparme de mucho más.Inicié mi viaje en bus un jueves al mediodía, camino de Santiago de Compostela. Parada en Puebla de Sanabria, parada de veinte minutos Ourense en con el autobús cerrado y llegamos al destino, Santiago de Compostela…Cogimos un bus urbano hacia Plaza de Galicia y llegando vi de refilón la calle del hostal. Nos alojamos y la impresión fue bastante grata, al fin y al cabo era yo el que había encontrado el hostal en Internet. Habitación recién reformada (tanto que se atisbaba el olor a pintura) y el baño pequeño como había leído pero limpio y moderno. Tras cenar en la habitación lo que nos habían preparado nuestras mamis, kinitejo relajado con escalera, pero hasta las tantas como de costumbre.
A eso de las 2 de la mañana nos fuimos de fiesta por Compostela, y habíamos quedado con Isa, una pontevedresa que conocimos en Baiona hace algún tiempo. La verdad que me llevé muy buena impresión de ella, porque es una chica muy agradable. Los bares estaban bastante bien, y con su ambiente rock me gustaron mucho. Ojo al detalle de la chica que conoció Vicente en Salamanca, y la conversación que tuve con ella, que fuerte!
Tras visitas a varios bares y garitos con un ambiente muy tipo Salamanca en Jueves, nos volvimos a dormir a eso de las 7. Ojo al detalle de los típicos frikis que siempre nos encontramos en Galicia, con sus historias de socialismo e independencia a las tantas de la mañana, y aquel hombrecillo con la cara pintada de blanco y un estado lamentable que también nos encontramos al día siguiente por Coruña…
Nos levantamos pronto al día siguiente porque teníamos que dejar la habitación a las 12. Visitamos la ciudad entre viento y gotas de lluvia…y nos dimos un homenaje gastronómico a la gallega en casa Manolo.
Visita rápida por las rúas de Santiago porque por la tarde nos fuimos a A Coruña, tras ver muchas chicas guapas por las calles, típico en la Gallaecia…
Llegamos a Coruña y nos esperaba Rubén. Tras coger un bus urbano hasta Plaza Pontevedra (ojo al detalle del torno en el bus y a las caídas de mi maleta), llegamos al hotel. Mi primera impresión fue buena en recepción y al entrar en la habitación vimos que era normalita, con un baño grandísimo modelo años setenta con jacuzzi, pero bastante abandonado...
Descansamos un poco en el hotel y salimos de cañas y tapitas por las calles cercanas a María Pita, de nuevo un homenaje gastronómico…De vuelta al hotel pasamos por el Populis, pero era pronto y todavía no estaba currando mi amiga deportivista.
Volvimos a beber en el hotel, yo sin demasiados ánimos porque estaba muy cansado y salimos por los bares del Orzán…que si Studio 80 con las canciones de cuando éramos peques (ojo a aquella chica que no dejó de perseguirme toda la noche)…que si Las Vegas medio vacío…que si el Agua y su ambiente superpijo y típica pelea por un no mires a mi novia…no estuvo mal pero ese ambiente de pijos y música electrónica no me gusta nada…
No volvimos muy tarde al hotel…pero fue suficiente para levantarnos a la hora de comer. Fuimos a comer por la zona de los vinos, en un local muy apañadito con sus mapitas de la España que estudiaban nuestros padres y luego a visitar la ciudad, que si María Pita, que si la ciudad vieja, paseo marítimo, torre de Hércules, blablabla, y de vuelta al hotel. Cenita rápida y a alcolizarse de nuevo antes de ir a la Plaza del Humor…Camino de allí voy y me encuentro al percusionista de Luar na Lubre. Plaza del Humor con sus típicos frikis de los botellones (ojo al detalle de los viejetes borrachos), la “arquitecta” cantabra que había empezado este año y estaba en el Rialta, el vasco fumando su purito y dándonos la chapa…Y de vuelta a los bares del Orzan…Que si el Grietax, con su ambiente juvenil (pelea incluida)…que si cantando Thalberg por el Orzán ;) (no podía faltar demostrar nuestras señas de identidad zamoranas por ahí por donde vamos, aunque faltase haber sacado la enseña bermeja)…que si Playa Club (que no estaba mal pero que tampoco es muy de mi ambiente)…y vuelta al hotel con pregunta incluida por la Catedral de Coruña XD y visita a la Residencia de nuestro amigo y su pesada puerta…a dormir que ya es de día…y quedan solo 4 horas para las 12…
Nos despertamos al día siguiente con un cansancio…madre mía…parecíamos cadáveres…Esteban se resistía porque decía que alguien tiraba de sus piernas, pero había que volver a casa…6 horas y media y en bus…y poco a poco hacia Zamora de nuevo.


No ha estado mal el finde, aunque podía haber estado mejor, creo que no elegimos los bares adecuados, o es que en A Coruña hay mucho superpijo…y a mi eso no me gusta nada, pero volver a sentirme en esas tierras que también son mías (aunque los gallegos las llamen Castilla :$, ¿acaso mi Sanabria paterna no perteneció históricamente a la Gallaecia, al igual que el Bierzo?) Al fin y al cabo estos días han sido muy chulos, con muchas risas, y muy buen rollo entre nosotros aunque faltasen algunas unidades…¿Volvemos pronto a Galicia chicos? ¿Vuelvo a verte pronto?

Y tras la crónica de este viaje a la Gallaecia, les dejo con una bonita canción que quiero dedicar a todos los que aman algo a alguien. En especial a una persona, que aunque no lo sepa hizo que la descubriera.


Vive mirando una estrella
siempre en estado de espera.
Bebe a la noche ginebra
para encontrarse con ella.
Sueña con su calavera
y viene un perro y se la lleva,
y aleja las pesadillas
dejando en un agujero
unas flores amarillas
pa' acordarse de su pelo.

Sueña que sueña con ella
y si en el infierno le espera...
Quiero fundirme en tu fuego
como si fuese de cera.

Antes de hacer la maleta
y pasar la vida entre andenes,
deja entrar a los ratones
para tener quien le espere.

Sueña con su melena
y viene el viento y se la lleva,
y desde entonces su cabeza
sólo quiere alzar el vuelo,
y bebe rubia la cerveza
pa' acordarse de su pelo.

Sueña que sueña la estrella
siempre en estado de espera;
vuelve a coger la botella
y pasa las noches en vela,

...siempre en estado de espera